Mientras el estado de Veracruz se desangra, las prioridades de la gobernadora Rocío Nahle García se centran en el lucimiento político, inaugurando obras menores, organizando entregas masivas de apoyos y presumiendo "logros históricos" financieros que en nada mitigan el terror en las calles.
El caso más reciente de esta crisis de seguridad ocurrió este domingo en Tihuatlán, donde las fuerzas policiales localizaron el cuerpo sin vida de Sheila Guadalupe O.B., una joven de apenas 21 años, al interior de un domicilio en la colonia Plan de Ayala.
El contraste es ofensivo: mientras las familias veracruzanas recogen los cuerpos de sus jóvenes y los sectores productivos suspenden eventos masivos por amenazas directas de la delincuencia organizada, el Ejecutivo Estatal prefiere desviar la atención hacia “el bienestar” y la narrativa de que "todo está bien".
La muerte de la joven en Tihuatlán expone la crudeza de un territorio sin una contención real del crimen. La fiscalía abre carpetas de investigación que terminan en la congeladora, y los perímetros de seguridad sólo sirven como adorno post-crimen, pues la prevención del delito en el Veracruz actual simplemente no es un tema para poner en la mesa.
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