Hace apenas unos meses, cuando Rubén Rocha estaba bajo señalamientos desde Estados Unidos, la consigna era cerrar filas.
¡Soberanía!...¡No al injerencismo!...¡México no acepta presiones del extranjero!
Pero ahora que Rocha decidió regresar a la gubernatura de Sinaloa.
¡Sopas!
Los mismos incongruentes compañeros de movimiento le mandaron otro comunicado, pero ahora para pedirle “madurez y responsabilidad”.
¿Pues no que estaban con él y que no estaba solo? ¿No que los señalamientos eran injerencistas? ¿No que había que cerrar filas?
Y ahí están las firmas.
La gobernadora Marina del Pilar Ávila, de Baja California, sí, esa que no tiene visa y buscaba acuerdos con los vecinos del norte.
O qué decir del cuestionado dese que se la pasa tomando mezcal en horario laboral.
O Margarita González Saravia, de Morelos, la que prefiere esconderse ante los problemas.
El ganadero Joaquín Díaz Mena, de Yucatán.
O la laboral prepotente Rocío Nahle, de Veracruz.
Por mencionar algunos, todos firmando ahora el jalón de orejas para Rocha. O sea, primero: “¡No toquen a nuestro compañero!”
Y ahora: “Compañero… mejor ya siéntate.”
Qué rápido cambia la soberanía dependiendo del comunicado del día.
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Porque si los señalamientos contra Rocha eran parte del “injerencismo extranjero”, como sostuvo el propio Rocha y como Morena ha denunciado en distintos pronunciamiento.
Entonces, ¿por qué ahora sus propios incongruentes y contradictorios compañeros le piden que actúe con “madurez y responsabilidad”?
Porque con tanto cambio de postura ya no hace falta oposición:
Morena se contradice solito. Ayer cerraban filas. Hoy le jalan las orejas. Y mañana.
Pues habrá que esperar a ver qué comunicado les toca firmar. Mientras tanto, Rocha no aguantó ni 36 horas y mejor pidió licencia indefinida. Habrá que esperar qué postura tomarán sus excuates.