Si el descanso eterno incluye maleza, terracería y abandono, entonces el panteón Hidalgo en Minatitlán está cumpliendo a la perfección con su misión. Entre pasillos que parecen brechas rurales y una entrada principal que ofrece un engañoso primer vistazo con apenas unos metros pavimentados, el camposanto se ha convertido más en un terreno baldío con lápidas que en un lugar de homenaje a los difuntos.