Había una vez... En el reino de Veracruz... Una gobernadora llamada Rocío Nahle... Que no le tenía miedo... ¡a nada!.
Ni al descontento... Ni a las críticas... ¡ni siquiera a la revocación de mandato!... Esa malvada consulta ciudadana que, en teoría, podría mandar a cualquier gobernante a hacer maletas.
“Yo pues no me entretengo en eso ni me quita el sueño.”
¡¡¡Pues claro que no le quita el sueño!!! ¡si antes de acostarse sus diputados morenistas y aliados ya le habían revisado que la puerta estuviera bien cerrada!... Le pusieron doble pasador... Tres candados... Alarma... Cerca eléctrica... Y hasta perro guardián a la revocación de mandato.
¡Así hasta uno duerme como osito en hibernación!... Y mientras el senador Manuel Huerta les decía que no le tuvieran miedo a que opinara la gente... Desde palacio la respuesta fue más o menos...
“No caigo en provocaciones de nadie y lo menos que deberían de hacer los legisladores es leer la ley, para eso están”.
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¡Santo coscorrón político! Porque cuando un mensaje no lleva nombre... Pero todo mundo sabe para quién es... Eso ya no es indirecta. ¡es mensaje certificado con acuse de recibo!... Y para que no quedara duda de que la gober ya tiene hecho su plan de vida.
“tengo mucho trabajo de aquí al 2030.”, ¡hasta el 2030! ¡esa confianza ya ni los que apartan lugar en la playa con una toalla desde las seis de la mañana!... Pero hay algo muy curioso.
Si el tema en verdad no le quitara el sueño... ¿para qué explicar tanto que no le quita el sueño? Porque en política hay una regla de oro. Mientras más dice un político que algo “no le preocupa”... Más sospecha la gente que ya hasta cambió el colchón, la almohada... ¡y se tomó un té de tila por si las dudas!. Pero bueno.