Un año y cuatro meses son los que lleva Rocío Nahle en el poder. Durante ese tiempo lo que ha prevalecido es la falta de resultados, así como una actitud arrogante y prepotente de quien debería velar por el bienestar de la población veracruzana.
Su indolencia ha quedado en la memoria de todos cuando fue asesinada en Álamo la maestra Irma Hernández, y qué decir de las inundaciones en Poza Rica, una de las contingencias más grandes de los últimos tiempos que desde su inicio la gobernadora intentó minimizar al calificarla como un “ligero desbordamiento”.
Los encontronazos con los medios críticos han sido documentados, donde por cierto, las actitudes más groseras han sido a compañeras periodistas por preguntar los temas relevantes y eso que es tiempo de mujeres.
Ahora, la presencia de hidrocarburo en las costas de Veracruz ha sacado esa versión de Rocío Nahle, la de negar lo evidente y minimizar la preocupación de personas cuyo trabajo dependen del mar.
La morenista, Rocío Nahle, tiene el privilegio de ocupar el puesto más importante al que un veracruzano puede aspirar; sin embargo, su ejecución ha dejado mucho que desear debido a sus malos tratos y actitudes déspotas para con aquellos que confiaron en ella y creyeron que haría un cambio.
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