Dicen que los hombres no deben llorar… Nosotros lloramos, pero de risa. ¿Listos? Saquen sus pañuelos porque el gobernador de Baja California Sur, Víctor Castro Cosío, no pudo contener las lágrimas durante su “Conferencia para el Pueblo”, el pasado 28 de octubre.
Y usted se preguntará: ¿acaso fue por la crisis de agua y energía que enfrentan las familias de su estado? ¿O será por las cientos de madres buscadoras que a diario salen con la esperanza de encontrar a sus seres queridos?
¡¿Pues qué cree?! Ninguna de esas. El llanto del morenista fue a causa de los 156 mil pesos que gana una de sus hijas, quien ocupa un puesto como coordinadora del IMSS. ¡Cuánto dolor! ¡Cuánto sufrimiento! A lo mejor le entró el sentimiento porque dicen que la familia es primero… ¡Sí, pero su familia!
“Ella no trabaja en el Gobierno del Estado, trabaja en el Seguro Social. Si es a la que te refieres que gana muy bien, de las dos… Son mi orgullo de padre y me han acompañado en esta lucha”.
¡Faltaba más! ¿Y dónde quedó la empatía por el pueblo? Mínimo que se aviente las de cocodrilo… Porque eso sí: por donde lo quieran ver, no deja de ser un posible caso de nepotismo o presunto tráfico de influencias. A todos se les quebraría la voz con todo ese billullo. A ver si así se le quiebra la voz cuando hable de los problemas de Baja California Sur…
¡Ya le vimos el lagrimal sensible al gobernador! Nomás falta ver si también se le humedecen los ojos cuando el pueblo le exija cuentas…
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