Y vámonos recio, mi familia, porque hay quienes manejan como si trajeran la calle patentada... y los demás nomás fuéramos parte del paisaje.Déjenlos, ellos son expertoso al menos eso piensan.
Sobre “Cuauhtémoc”, un taxista llegó a Cortés, cambió de carril sin mucho trámite y casi manda a un motociclista a conocer a San Pedro.
Pero en “Díaz Mirón” también hay escuela: otro as del volante aplicó la de “la calle es mía, yo sé lo que hago”... aunque los demás no sepan cómo sobrevivirle.
¿Y qué tal eso de irse entre carros parados en doble fila? ¡Puro turismo de aventura, pero sin seguro de vida!... Y este furioso manejador rebasa, se mete como dolor de muela y acelera como si le pagaran por cada carro que dejara atrás... ¿Para qué tanta prisa?... Para terminar, parado en el semáforo.
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Y mientras tanto, los que rebasó llegaron tranquilamente. Sin carreritas, sin claxonazos y sin necesidad de encomendarse a todos los santos.
Ah, pero no podía faltar el “me paro tantito”... Ese “tantito” que convierte la calle en estacionamiento particular.
Y los clásicos: camioneta y taxi acelerando para ganarle al ámbar... No le digo, sí lo hay y no, no son extraterrestres, son jarochos al volante.
Y para cerrar, otra camioneta: se para donde se le antoja, pone intermitentes y listo.... Al parecer, las intermitentes no son para avisar: son el permiso oficial para hacer lo que se quiera.
Y mi familia, estos fueron los cachados de esta semana, los más furiosos que rápidos, esperando que usted no sea uno de ellos.