¡Mucho más que una flor! Cada año, durante las celebraciones de Día de Muertos, miles de hogares mexicanos se llenan del intenso color naranja y el característico aroma del cempasúchil, una planta que se ha convertido en uno de los símbolos más representativos de esta tradición.
Pero su presencia en los altares no es casualidad. Detrás de sus pétalos existe una antigua creencia relacionada con el regreso de las almas de los seres queridos que han fallecido.
¿Por qué se coloca flor de cempasúchil en los altares de Día de Muertos?
De acuerdo con la tradición popular, el aroma y el color de la flor de cempasúchil sirven para guiar a las almas de los difuntos durante su visita al mundo de los vivos.
Por ello, muchas familias forman caminos con sus pétalos desde la entrada de sus casas hasta los altares, como una manera simbólica de indicarles el recorrido hacia las ofrendas preparadas en su honor.
Su característico tono amarillo y naranja también se relaciona tradicionalmente con la luz del sol, elemento que en distintas creencias mesoamericanas tenía un profundo significado espiritual.
¿Qué significa la flor de cempasúchil en la tradición mexicana?
La palabra cempasúchil proviene del náhuatl cempōhualxōchitl, que suele interpretarse como «flor de veinte pétalos» o «flor de muchas flores».
Desde tiempos prehispánicos, esta planta ha tenido usos ceremoniales y culturales que, con el paso de los siglos, se integraron a las celebraciones actuales de Día de Muertos.
Además de representar la conexión simbólica entre la vida y la muerte, el cempasúchil se ha convertido en una expresión de memoria, cariño y respeto hacia quienes ya no están.
Así, cada pétalo colocado sobre una ofrenda representa mucho más que una decoración: es parte de una tradición que mantiene vivo el recuerdo de nuestros seres queridos.













