Estás sentado frente a la televisión. Sabes que es una película, que los actores están interpretando personajes y que detrás del monstruo probablemente existe maquillaje o efectos especiales.
Entonces aparece algo inesperadamente en pantalla y… ¡brincas del asiento!
¿Por qué ocurre esto si nuestro cerebro sabe que todo es ficción?
Nuestro cerebro puede reaccionar rápidamente ante estímulos que interpreta como posibles amenazas.
Por eso una aparición repentina en El Conjuro, Pennywise acercándose en It o Michael Myers persiguiendo a alguien en Halloween pueden provocar sobresaltos, acelerar el corazón o generar tensión.
La música también tiene mucho que ver. Sonidos inquietantes, silencios prolongados y cambios repentinos preparan al espectador para sentir que algo malo está a punto de suceder.
¿Por qué algunas películas dan más miedo que otras?
No todo depende de mostrar monstruos o sangre. Películas como El Resplandor utilizan espacios, música, silencios e incertidumbre para mantener al espectador incómodo, mientras Scream juega con la persecución y la expectativa de no saber cuándo aparecerá nuevamente el peligro.
Nuestro cerebro puede reaccionar primero al estímulo y después recordarnos que estamos seguros.
Por eso podemos estar viendo una película completamente conscientes de que nada es real y aun así terminar tapándonos los ojos cuando sabemos que está por llegar el susto.
Al final, esa es parte de la magia del terror: sentir que estamos en peligro mientras sabemos que, en realidad, estamos completamente seguros.