Un aroma inusual interrumpió una misa solemne y provocó una escena difícil de creer. El botafumeiro —el enorme incensario que cuelga y se balancea en lo alto de la catedral— comenzó a desprender un olor muy particular, que sorprendió a los asistentes. Según el testimonio de un padre presente, fueron los monaguillos quienes colocaron una sustancia diferente al incienso tradicional. Poco a poco, algunos fieles comenzaron a sentirse “distintos”.













